Las nuevas tribus son internacionales. Se forman con la gente que es importante para usted, sin importar donde se encuentre. Las tribus globales basadas en lazos de sangre han existido durante siglos: por ejemplo, la tribu de los judíos o de los chinos que viven en el extranjero. Ahora también existen tribus basadas en actitudes o en conocimientos. Gracias a la globalización y la digitalización, el lugar ya no es relevante. ¿Qué son Greenpeace, Amnistía Internacional, los Ángeles del Infierno o los aficionados al hip-hop sino tribus biográficas globales con miembros de todo el mundo? Lo mismo podría decirse de las comunidades de profesionales con MBA, de arquitectos, piratas informáticos, ingenieros o músicos que sacan sus conocimientos (y actitudes) de comunidades internacionales. Esas tribus tienen su propio lenguaje, un código del vestir, signos, símbolos, totems y rituales.
Los pioneros de las tribus suelen formar parte de grupos considerados marginales en un mundo estructurado geográficamente. Se trata de gente a la que le cuesta encontrar suficientes personas interesantes en su parte del bosque. Se ven obligados a buscar globalmente para poder seguir con su tribu. Tal vez deberíamos aprender de la comunidad gay, de la mafia, los traficantes de drogas, los masoquistas y los ecologistas porque en la aldea funky, la tribu es biográfica, no geográfica, se elige por voluntad y no por proximidad.
El trabajador con conocimientos globales, que forma parte de una elite, es leal a si mismo y a su tribu y no a quien le emplea (temporalmente). En esta lealtad de casino, la gente solo colabora y se relacionara con quienes piensen que le pueden aportar algo. Se formaran tribus globales que, en palabras de Thomas Malone, del MIT, recorrerán el mundo como “ejecitos nocturnos de mercenarios intelectuales”.
Solo compraran productos de las empresas que sean compatibles con los valores de su tribu, es decir, de los que estén en la misma onda. Se esfuerzan por conseguir los símbolos esenciales para su tribu y para ellos mismos. Lo sacrifican todo por conseguir lo mas moderno y funky, una bicicleta de montaña, el viaje mas maravilloso, una tabla de surf, una botella de vino (en este caso, no la mas nueva), un reproductor de DVD, una clase de yoga o cualquier otra cosa. Si queremos descubrir donde esta el futuro, no debemos fijarnos en los que tienen una capacidad media de compra, sino en quienes apenas la tienen.