Un Edificio que sabe como se Ahorra

Recursos bien aprovechados
En esta línea de respetar el medio ambiente y de aprovechar los recursos disponibles, como el sol, el viento y el agua, la fachada se convirtió en uno de los argumentos principales del tema bioclimático cuyo desarrollo estuvo a cargo de la firma Arquitectura & Bioclimática, con Jorge Ramírez Fonseca a la cabeza. “Por un lado, sobre la parte
occidental el aire se calienta con el sol del día y la actividad de la gente.

Este aire en la tarde sube por el termosifón o vacío en el costado occidental del edificio y es liberado al exterior por un sistema de rejillas. Sobre la fachada oriental el viento frío que viene de la montaña penetra por otras rejillas y viaja hacia el termosifón circulando al interior por entre el cielorraso y las placas estructurales, enfriándolas durante todo el día. El aire avanza hacia el occidente y finalmente desemboca en el termosifón que lo succiona hacia arriba y lo libera por las rejillas a la atmósfera”, explica Ricardo La Rotta.

Este sencillo sistema representa un enorme ahorro de energía. Sumado a esto, los espacios cerrados que no tienen ventilación se enfrían mediante un sistema de refrigeración evaporativa. Esto quiere decir que el aire del exterior que viene a temperatura ambiente entra y pasa por unas celdas húmedas, donde se lava y se refrigera para luego ser inyectado en los espacios a un costo muy bajo. No sobra decir que en
este trabajo se buscó un equilibrio con el tema acústico a cargo de Construcciones Acústicas, pues las entradas y salidas de aire se hicieron a través de trampas acústicas que absorben el ruido de la autopista.

Por otro lado, el diseño supo aprovechar las aguas lluvias. La cubierta del edificio desagua hacia unas bajantes que conducen
el agua a un tanque ubicado en el sótano. Allí una planta compacta de tratamiento filtra el agua que se utiliza para sanitarios, jardines y aseo. Para complementar el tema bioclimático se hizo un trabajo de iluminación, en donde nuevamente la fachada entra a jugar como una gran ventana que permite óptimos niveles de iluminancia natural durante buena parte del día y que se puede controlar a través de dispositivos y persianas En las oficinas más distantes de la fachada se colocaron circuitos de luz que se encienden o se apagan según las necesidades. Con este microcosmos urbano o paradigma de la ciudad, el proyecto se convierte en un ejemplo de pedagogía arquitectónica y urbana que
vale la pena replicar en Bogotá.
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